Puse por última vez los pies en esa tierra arenosa, que había que trabajar mucho para preparar. Pisé nuevamente esa tierra que nunca me incentivó a labrarla. Como un dictado de mi padre el rigor, que se acopla a las nubes en hacer un lagrimón de la imagen que cerró mi ciclo. Uno de mis tantos ciclos.
Ví como se perfilaba la hilera de ligustros del fondo. Como volvían a salir las flores cuyos pétalos eran duros cabellos rojos. Olí el perfume del aire, noté el color de la tierra, de los reflejos. Palpé nuevamente mi admiración al ver como la hierba tiene pequeñas y sencillas gotas de colores de tres pétalos. El modo en que me gusta que el sol rebote contra las tonalidades verdes. Y el sol del final de la primera parte de la mañana convirtió el verdeo que nunca toqué en un celular paraíso.
Me quedó una última imagen bella después de ver tanto vacío. Después de no ver.
Me devolvió ese espacio antes de que me marchara para siempre algo que me había robado: que me encandile el color de las plantas.
Y se lo agradecí sonriendo con mi lagrimón…que cayó perfectamente sobre la tierra.
Y el perro me saludó. Antes de irme. A otra cosa mariposa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario