jueves, 11 de agosto de 2011


No si no, ni quien va ser, ni quién fue, ni quien ha sido. Quien entró en casa sin tocar la puertita, quién se quedó afuera por adorar el frío.
El otro día fue mucho mejor que ayer, y seguramente será tan triste como pasado mañana.
No te culpo, no nos culpemos.
Me canta el cuerpo, de a poco, se llena de gotas de inmenso amor. Se desenreda licuando en su interior el aliento a fémina viviente, en el laberinto ansioso.
Me canta el cuerpo, espera, se intriga. Pareciera nuevo el brillo de las barandas.
Parece todo nuevo, no es necesario que nada deje de transcurrir, me llama el canto de tu cuerpo.
Me canta el cuerpo, y me canta la piel.
Las flores no están demoradas, se adelantó el calor, se adelantó el calor y me canta la piel.
La piel quiere que el viento la toque. Toda sola, libre, para poder poner en evidencia la suavidad. Para destaparse.
Recuperar la dimensión que hace una sombra seria sobre los árboles.
El trote en tus pestañas.
Me canta el cuerpo y te llama. Como recién nacido, como potable de diluirse en la espesura que no es nuevo, es de nuevo.
Me canta el cuerpo. Y te llama, o te va a buscar.

Que el sol marque el declive de la ensoñación.
Hasta que venga el cuerpo y se calme el cuerpo.

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